jueves, 31 de marzo de 2011

EL OTRO




Por Jorge Luis Borges




El hecho ocurrió el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero.
Serían las diez de la mañana. Yo estaba recostado en un banco, frente al río Charles. A unos quinientos metros a mi derecha había un alto edificio, cuyo nombre no supe nunca. El agua gris acarreaba largos trozos de hielo. Inevitablemente, el río hizo que yo pensara en el tiempo. La milenaria imagen de Heráclito. Yo había dormido bien, mi clase de la tarde anterior había logrado, creo, interesar a los alumnos. No había un alma a la vista.
Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. En la otra punta de mi banco alguien se había sentado. Yo hubiera preferido estar solo, pero no quise levantarme en seguida, para no mostrarme incivil. El otro se había puesto a silbar. Fue entonces cuando ocurrió la primera de las muchas zozobras de esa mañana. Lo que silbaba, lo que trataba de silbar (nunca he sido muy entonado), era el estilo criollo de La tapera de Elías Regules. El estilo me retrajo a un patio, que ha desaparecido, y la memoria de Alvaro Melián Lafinur, que hace tantos años ha muerto. Luego vinieron las palabras. Eran las de la décima del principio. La voz no era la de Álvaro, pero quería parecerse a la de Alvaro. La reconocí con horror.
Me le acerqué y le dije:
-Señor, ¿usted es oriental o argentino?
-Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra -fue la contestación.
Hubo un silencio largo. Le pregunté:
-¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa?
Me contestó que si.
-En tal caso -le dije resueltamente- usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Estamos en 1969, en la ciudad de Cambridge.
-No -me respondió con mi propia voz un poco lejana.
Al cabo de un tiempo insistió:
-Yo estoy aquí en Ginebra, en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris.
Yo le contesté:
-Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo de Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres de volúmenes de Las mil y una noches de Lane, con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de Sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balkánicos. No he olvidado tampoco un atardecer en un primer piso en la plaza Dubourg.
-Dufour -corrigió.
-Esta bien. Dufour. ¿Te basta con todo eso?
-No -respondió-. Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo prolijo es del todo vano.
La objeción era justa. Le contesté:
-Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.
-¿Y si el sueño durara? -dijo con ansiedad.
Para tranquilizarlo y tranquilizarme, fingí un aplomo que ciertamente no sentía. Le dije:
-Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma. Es lo que nos está pasando ahora, salvo que somos dos. ¿No querés saber algo de mi pasado, que es el porvenir que te espera?
Asintió sin una palabra. Yo proseguí un poco perdido:
-Madre está sana y buena en su casa de Charcas y Maipú, en Buenos Aires, pero padre murió hace unos treinta años. Murió del corazón. Lo acabó una hemiplejía; la mano izquierda puesta sobre la mano derecha era como la mano de un niño sobre la mano de un gigante. Murió con impaciencia de morir, pero sin una queja. Nuestra abuela había muerto en la misma casa. Unos días antes del fin, nos llamo a todos y nos dijo: "Soy una mujer muy vieja, que está muriéndose muy despacio. Que nadie se alborote por una cosa tan común y corriente."Norah, tu hermana, se casó y tiene dos hijos. A propósito, ¿en casa como están?
-Bien. Padre siempre con sus bromas contra la fe. Anoche dijo que Jesús era como los gauchos, que no quieren comprometerse, y que por eso predicaba en parábolas.
Vaciló y me dijo:
-¿Y usted?
No sé la cifra de los libros que escribirás, pero sé que son demasiados. Escribirás poesías que te darán un agrado no compartido y cuentos de índole fantástica. Darás clases como tu padre y como tantos otros de nuestra sangre. Me agradó que nada me preguntara sobre el fracaso o éxito de los libros.
Cambié. Cambié de tono y proseguí:
-En lo que se refiere a la historia... Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterllo. Buenos Aires, hacía mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní.
Noté que apenas me prestaba atención. El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto lo amilanaba. Yo, que no he sido padre, sentí por ese pobre muchacho, más íntimo que un hijo de mi carne, una oleada de amor. Vi que apretaba entre las manos un libro. Le pregunté qué era.
-Los poseídos o, según creo, Los demonios de Fyodor Dostoievski -me replicó no sin vanidad.
-Se me ha desdibujado. ¿Que tal es?
No bien lo dije, sentí que la pregunta era una blasfemia.
-El maestro ruso -dictaminó- ha penetrado más que nadie en los laberintos del alma eslava.
Esa tentativa retórica me pareció una prueba de que se había serenado.
Le pregunté qué otros volúmenes del maestro había recorrido.
Enumeró dos o tres, entre ellos El doble.
Le pregunté si al leerlos distinguía bien los personajes, como en el caso de Joseph Conrad, y si pensaba proseguir el examen de la obra completa.
-La verdad es que no -me respondió con cierta sorpresa.
Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos.
-¿Por qué no? -le dije-. Podés alegar buenos antecedentes. El verso azul de Rubén Darío y la canción gris de Verlaine.
Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos lo hombres. El poeta de nuestro tiempo no puede dar la espalda a su época. Me quedé pensando y le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Por ejemplo, de todos los empresarios de pompas fúnebres, de todos los carteros, de todos buzos, de todos los que viven en la acera de los números pares, de todos los afónicos, etcétera. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de los oprimidos y parias.
-Tu masa de oprimidos y de parias -le contesté- no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien. El hombre de ayer no es el hombre de hoy sentencio algún griego. Nosotros dos, en este banco de Ginebra o de Cambridge, somos tal vez la prueba.
Salvo en las severas páginas de la Historia, los hechos memorables prescinden de frases memorables. Un hombre a punto de morir quiere acordarse de un grabado entrevisto en la infancia; los soldados que están por entrar en la batalla hablan del barro o del sargento. Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. Hablamos, fatalmente, de letras; temo no haber dicho otras cosas que las que suelo decir a los periodistas. Mi alter ego creía en la invención o descubrimiento de metáforas nuevas; yo en las que corresponden a afinidades íntimas y notorias y que nuestra imaginación ya ha aceptado. La vejez de los hombres y el ocaso, los sueños y la vida, el correr del tiempo y del agua. Le expuse esta opinión, que expondría en un libro años después.
Casi no me escuchaba. De pronto dijo:
-Si usted ha sido yo, ¿cómo explicar que haya olvidado su encuentro con un señor de edad que en 1918 le dijo que él también era Borges?
No había pensado en esa dificultad. Le respondí sin convicción:
-Tal vez el hecho fue tan extraño que traté de olvidarlo.
Aventuró una tímida pregunta:
-¿Cómo anda su memoria?
Comprendí que para un muchacho que no había cumplido veinte años; un hombre de más de setenta era casi un muerto. Le contesté:
-Suele parecerse al olvido, pero todavía encuentra lo que le encargan.
Estudio anglosajón y no soy el último de la clase.
Nuestra conversación ya había durado demasiado para ser la de un sueño.
Una brusca idea se me ocurrió.
-Yo te puedo probar inmediatamente -le dije- que no estás soñando conmigo.
Oí bien este verso, que no has leído nunca, que yo recuerde.
Lentamente entoné la famosa línea:
L'byre - univers tordant son corps écaillé d'astres. Sentí su casi temeroso estupor. Lo repitió en voz baja, saboreando cada resplandeciente palabra.
-Es verdad -balbuceó-. Yo no podré nunca escribir una línea como ésa.
Hugo nos había unido.
Antes, él había repetido con fervor, ahora lo recuerdo, aquella breve pieza en que Walt Whitman rememora una compartida noche ante el mar, en que fue realmente feliz.
-Si Whitman la ha cantado -observé- es porque la deseaba y no sucedió. El poema gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.
Se quedó mirándome.
-Usted no lo conoce -exclamó-. Whitman es capaz de mentir.
Medio siglo no pasa en vano. Bajo nuestra conversación de personas de miscelánea lectura y gustos diversos, comprendí que no podíamos entendernos.
Eramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el dialogo. Cada uno de los dos era el remendo cricaturesco del otro. La situación era harto anormal para durar mucho más tiempo. Aconsejar o discutir era inútil, porque su inevitable destino era ser el que soy.
De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor. Se me ocurrió un artificio análogo.
-Oí -le dije-, ¿tenés algún dinero?
-Sí - me replicó-. Tengo unos veinte francos. Esta noche lo convidé a Simón Jichlinski en el Crocodile.
-Dile a Simón que ejercerá la medicina en Carouge, y que hará mucho bien... ahora, me das una de tus monedas.
Sacó tres escudos de plata y unas piezas menores. Sin comprender me ofreció uno de los primeros.
Yo le tendí uno de esos imprudentes billetes americanos que tienen muy diverso valor y el mismo tamaño. Lo examinó con avidez.
-No puede ser -gritó-. Lleva la fecha de mil novecientos sesenta y cuatro. (Meses después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha.)
-Todo esto es un milagro -alcanzó a decir- y lo milagroso da miedo. Quienes fueron testigos de la resurrección de Lázaro habrán quedado horrorizados. No hemos cambiado nada, pensé. Siempre las referencias librescas.
Hizo pedazos el billete y guardó la moneda.
Yo resolví tirarla al río. El arco del escudo de plata perdiéndose en el río de plata hubiera conferido a mi historia una imagen vívida, pero la suerte no lo quiso.
Respondí que lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador. Le propuse que nos viéramos al día siguiente, en ese mismo banco que está en dos tiempos y en dos sitios.
Asintió en el acto y me dijo, sin mirar el reloj, que se le había hecho tarde. Los dos mentíamos y cada cual sabía que su interlocutor estaba mintiendo. Le dije que iban a venir a buscarme.
-¿A buscarlo? -me interrogó.
-Sí. Cuando alcances mi edad habrás perdido casi por completo la vista.
Verás el color amarillo y sombras y luces. No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano. Nos despedimos sin habernos tocado. Al día siguiente no fui. EL otro tampoco habrá ido.
He cavilado mucho sobre este encuentro, que no he contado a nadie. Creo haber descubierto la clave. El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el encuentro.
El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dólar.

jueves, 3 de febrero de 2011

Eres una maravilla viviente


Cuando descubras la maravilla viviente que eres, dejarás de querer ser cualquier cosa que ya no seas ahora mismo; dejarás de querer tener cualquier cosa que ya no tengas ahora mismo; dejarás de querer saber cualquier cosa que ya no sepas ahora mismo. Nada superará ese sentimiento.

Cuando descubras la maravilla viviente que eres, dejarás de añorar cualquier experiencia del pasado y cualquier deseo del futuro para regocijarte en la experiencia directa del presente, donde yace tu único verdadero capital, donde solamente puedes ser realidad.

Cuando descubras la maravilla viviente que eres, dejarás de bloquear tu respiración y la expresión natural de tu cuerpo para que fluya la sensación de ser, desde la superficie de tu piel, hasta el fondo más profundo de tu alma. Una sensación amplia, impersonal y nutritiva de ti mismo vibrará constante y espontáneamente en tu mente.

Cuando descubras la maravilla viviente que eres, enmudecerá tu voz y tu pensamiento, y desde el silencio vislumbrarás la comprensión de que nada te falta y nada te sobra, que eres tan pleno que no cabe ni ápice de nada más en la experiencia de tu ser.

Deja de creer en los pensamientos que te explican lo que eres tú y lo que son los demás; deja de creer en los ecos muertos del pasado que no son más que cero, pues si ves y comprendes por ti mismo su falta de sustancia, se alumbrará el camino para poder descubrir la maravilla viviente que eres.

Deja de valorar lo que está bien y lo que está mal y actúa desde tu nobleza natural; deja de sentir que te equivocas o que aciertas, que eres mejor o peor, pues el error y la certeza son circunstancias naturales que deben suceder para poder descubrir la maravilla viviente que eres.

Deja de temer parecer menos de lo que son los demás, pues ellos también están inmersos en esa tormentosa pesadilla. No temas sentir lo que sientes; no te retires frente las mismas circunstancias del pasado; saca pecho y con el corazón fulgurante de sentir y la mirada frontal y honesta, deja que se desarrolle tu ser para poder descubrir la maravilla viviente que eres.

Deja de pensar que existe un lugar seguro o una forma de ser invulnerable, pues el cambio y la inseguridad son las características esenciales de la vida. Decir que hay una forma de ser perfecta, es tan falso como decir que hay una forma de ser imperfecta, pues todas las formas de ser son relativas entre sí.

Aprende a saber vivir con todo ello como con el aire que respiras, y observa que gracias a eso, se te revela la maravilla viviente que eres.

Tomado de www.aquiyahora.com

jueves, 27 de enero de 2011

Rapsodia para el Che




I

Como amaste a los desheredados,
los desheredados también te aman
y no permiten que te nos vayas
con tu cuerpo cóncavo hacia el silencio.

En las noches de octubre cuando el austro
lame las cicatrices de las ciudades
y pasa por el Tahuantinsuyo
batiendo el gran caracol de la pampa
tu figura luminosa sale al altiplano
donde duermen la hierba mate y los caballos
en el sueño acuchillado del indio.

Te hemos visto emergiendo de la niebla
asomarte al filo de la obsidiana
para hacer como Quetzalcoalt
al hombre en el maíz del tiempo
e irte entre los apalencados y los montoneros
y los resplandecientes cañaverales atlánticos
a descarrilar la historia en Santa Clara.

A los que trinchan nuestro oro y nuestra agua,
a los que encienden el corazón de las salitreras
y degüellan el pongo en la oscuridad
que sepan que tus manos buenas
siguen más allá de la cercenación
que aún nos queda el relente de la plata
cristalizada en tu rostro, Comandante.

II

Ernesto ha doblado en el silencio.
Venga si nunca ha visto el girasol, los puestos de reses en la pampa.
Esta virreinal Argentina cercada de pólvora por Pedro de Mendoza.
Buenos Aires es eterna, Bahía Blanca, los gauchos del Rosario.

Todas esas verdades que sabían Alberto Granados y tú
a lomos del asma y la bicicleta
mientras caía lentamente la llovizna
en los ojos temblorosos de Chichina.

Voy a brindar del agua de vida por Ernesto
en la cacharrita de la guerrilla de Ñacahuasu
sin mujeres ni organillero
que bailen los solos de bandoneón.

Lloverá sobre las ciudades de Corrientes,
sobre tanta gente decapitada
y solo nos queda que aparezcas
junto al llanto del compadrito hacia Sorrento.

III

Venías con el relente de la plata
cristalizada en tu rostro, Comandante
para abrirles la puerta a los padecedores
del hambre oscura del corazón

y decirnos hecho fuego bajo la estrella
que estábamos bebiendo tu plenitud,
que estábamos bebiendo de la plata
cristalizada en tu rostro, Comandante.

Pedro Llanes, poeta villaclareño. Con este poema ganó el concurso de poesía Ciudad del Che (2003)

martes, 4 de enero de 2011

SECUESTRADA




Por favor, mira la foto, lee el mensaje de una madre desesperada y pasa la foto a todos tus contactos

"Mí hija tiene 13 años, Ashley Flores, está desaparecida desde hace dos semanas. Puede ocurrir que si todos pasan este mensaje, alguna persona la reconocerá. Se han encontrado personas con este método. Internet circula por todo el mundo... Por favor, pasa este mensaje a todos tus contactos. Gracias a todos ustedes podré encontrar a mi niña.

Les pido a todos, les suplico a todos, por favor pasa esta imagen a todas las personas posibles. Todavía no es tarde POR FAVOR, AYÚDAME. Sí tienes información, contacta con: HelpfindAshleyFlores@yahoo.com Solo hacen falta 2 minutos para hacer circular el mensaje. Si se tratase de tu hijo (a) harías lo imposible por obtener ayuda."



Dios premiara tu bondad

jueves, 16 de diciembre de 2010

La escasa cultura de los mexicanos




Periódico La Jornada
Jueves 16 de diciembre de 2010, p. 3

A 48 por ciento de los mexicanos no les interesa lo que sucede en la cultura o en las actividades de ese ámbito (teatro, danza, cine, literatura, conciertos), según documenta la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales que mandó realizar este año el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA).
Los resultados de esa evaluación hecha por la empresa privada Defoe Experts on Social Reporting (con un costo de más de 7 millones de pesos), fueron dados a conocer ayer por la presidenta del CNCA, Consuelo Sáizar, quien explicó que los datos permitirán evaluar las políticas públicas en el sector cultural, así como identificar las necesidades.
Ello propiciará orientar programas para que sepamos en qué invertir el dinero de los mexicanos, añadió.
En la rueda de prensa también estuvo presente Ernesto Piedras, director general de la consultoría The Competitive Inteligente Unit especializada en análisis económicos de las industrias culturales, quien se encargará de explorar los números que arrojó la encuesta, que ninguna universidad habría podido financiar.
A diferencia del estudio anterior sobre los mismos temas que se realizó en 2003, cuando sólo se encuestó a 4 mil 50 personas, ahora se realizaron 32 mil entrevistas, un millar por cada estado, cara a cara con los ciudadanos, en sus domicilios, entre el 24 de julio y el 5 de agosto de 2010.
El especialista explicó que el universo de la muestra permite una proyección de los resultados porcentuales en millones de habitantes.
De esta manera se concluye que 41 millones 645 mil 557 personas en el país están poco o nada interesadas en la cultura; sólo 11 millones 279 mil cinco personas (13 por ciento) están muy interesadas, 29 millones 498 mil 936 (34 por ciento) estarían algo interesadas y cinco por ciento no sabe o no contestó.
Los datos acerca de los consumos culturales sorprendieron a algunos de los funcionarios presentes en la rueda de prensa, otros no hicieron más que confirmar lo que desde hace años se sabe: 45 por ciento de la población nunca ha ido a un concierto o presentación de música en vivo, y 67 por ciento señaló que nunca ha visto una obra de teatro.
Ratificación de intuiciones
Cuarenta y tres por ciento de los mexicanos nunca ha ido a una biblioteca y 57 por ciento nunca ha estado en una librería o en tienda donde sólo vendan libros; 66 por ciento jamás ha asistido a una función de danza (excluyendo espectáculos escolares de hijos o conocidos); 53 por ciento nunca ha ido a una zona arqueológica oalgún sitio de monumentos históricos; 43 por ciento no conoce un museo, y 86 por ciento nunca ha ido a una exposición de artes plásticas (dibujo, grabado, escultura, pintura, arquitectura). Asimismo, 38 por ciento nunca lee los periódicos.
Pero 75 por ciento de los mexicanos ha ido alguna vez al cine, 76 por ciento escucha radio y 90 por ciento ve la televisión.
La presidenta del CNCA señaló que a partir del análisis de estas cifras, que no han hecho más que ratificar intuiciones, se diseñarán los presupuestos para cultura.
Además, informó que el consejo a su cargo tendrá un mayor acercamiento a la sociedad mediante programas, como verbenas públicas, cine en la calle o carretas de comedias, cuyos detalles anunciará el próximo año.
Para el economista Ernesto Piedras, los datos de la encuesta nacional no hacen más que reflejar que el común denominador en el país en materia cultural es la carencia, pero eso no es lo que más nos preocupa, sino la equidad, pues hay lugares donde prácticamente no se tiene ningún contacto con la cultura.
Según la encuestadora Defoe Experts on Social Reporting, que también aprovechó este encargo para evaluar los valores que guían a los ciudadanos, 44 por ciento de los encuestados siente orgullo por México, y sólo 13 y 11 por ciento, respectivamente, tiene preocupación o desilusión por el país.
En varios medios se ha publicado que esta compañía –que se anuncia como la primera empresa boutique de estudios de mercado y opinión pública en México– pertenece a Rafael Giménez Valdez, coordinador de opinión pública de la Presidencia de la República, encargado principalmente de pulsar la opinión de los ciudadanos respecto del gobierno federal.
Atlas de infraestructura cultural
En el portal de Transparencia de obligaciones del CNCA no aparece en el rubro de contrataciones ninguna referencia a la forma en la que se adjudicó a esa empresa el estudio para elaborar la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes también dio a conocer el Atlas de infraestructura cultural de México, que documenta cuáles son los recursos y bienes culturales con los que cuenta el país. El Atlas anterior se publicó en 2003, bajo la gestión de Sari Bermúdez, quien realizó el anterior análisis de hábitos culturales.
La Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales se puede consultar en la página de Internet: www.conaculta.gob.mx.

miércoles, 15 de diciembre de 2010